El deterioro cognitivo leve (DCL) se usa para referirse a la etapa de transición entre el funcionamiento cognitivo normal y la enfermedad de Alzheimer. Es la antesala a la enfermedad de Alzheimer. El deterioro cognitivo leve en mayores de 65 años es frecuente en la Atención Primaria. 

No hay una cura para revertir el proceso degenerativo que se produce debido a múltiples factores, y con el paso de los años, será mayor el número de personas que padezcan demencia.

Algunos de los criterios utilizados para diagnosticar deterior cognitivo leve son:

  • Pérdida de memoria, referida por el paciente o por un informador fiable. 
  • Facultad de memoria inferior en 1.5 SD (desviaciones típicas) o más por debajo de la media para su edad. 
  • Cognición general normal. 
  • Normalidad en las actividades de la vida diaria. 
  • Ausencia de criterios diagnósticos de demencia. 

La demencia es un síndrome que implica el deterioro de las funciones cognitivas, como la atención, la velocidad de procesamiento, la memoria, el comportamiento y la capacidad para realizar actividades de la vida diaria. 

Sin embargo, existen numerosas intervenciones que se pueden ofrecer para apoyar y mejorar la vida de las personas con demencia, entre ellas, están: diagnosticarla precozmente para posibilitar un tratamiento temprano y óptimo; mejorar la salud física, la cognición, la actividad y el bienestar; identificar y tratar enfermedades físicas concomitantes; detectar y tratar los síntomas conductuales y psicológicos problemáticos (Menéndez et al., 2011). 

La OMS ofrece recomendaciones basadas en datos científicos sobre intervenciones que reducen los factores de riesgo modificables de la demencia, como el sedentarismo y las dietas malsanas, asi como sobre otros problemas de salud como la hipertensión o la diabetes.

Numerosos estudios demuestran que se puede reducir considerablemente el riesgo de padecer demencia haciendo ejercicio con regularidad, no fumando, evitando el uso nocivo de alcohol, controlando el peso, tomando una alimentación saludable y manteniendo una tensión arterial y unas concentraciones sanguíneas adecuadas de colesterol y glucosa.

Para determinar con mayor precisión cómo ha de ser ese ejercicio físico, se estudió qué tipo de ejercicios, qué duración y qué intensidad y frecuencia se requiere para que sea efectivo.

Los resultados de los estudios demuestran que realizar ejercicio físico aeróbico mejora considerablemente el rendimiento cognitivo de los mayores. Además, ese ejercicio físico es mejor si es de intensidad moderada y con una frecuencia de dos a tres veces por semana.

No hubo diferencias entre ejercicio físico con coreografías (bailes) y ejercicios multimodales (aeróbico y pesas) pero mejoraba la memoria no verbal, es decir, el reconocimiento, en aquellas personas que estaban en el grupo de coreografías.

Aunque quedan muchas preguntas por responder acerca de esta temática, una cosa está clara, el ejercicio físico es un potente factor protector que puede ayudar a retrasar la aparición de una enfermedad neurodegenerativa mayor, como, por ejemplo, el Alzheimer.

¡Ponte a bailar!

Sara Rodríguez Suárez

Psicóloga

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