Como decía el entrañable Charlie Chaplin: “un día sin reír es un día perdido” y es que, en estos tiempos que corren, el sentido del humor se vuelve un factor clave para sobrellevarlo.

Tanto padres como educadores tenemos una gran responsabilidad a la hora de crear en los más pequeños, y no tan pequeños, bonitas huellas que queden marcadas en su recuerdo.

Seguramente, si vuelves la vista atrás y recuerdas tu etapa escolar, te vendrán a la cabeza recuerdos de momentos felices que viviste e incluso ese profesor/a que más de una vez te sacó una sonrisa.

Si nos paramos a reflexionar, una persona feliz está más receptiva a la hora de aprender, y si este aprendizaje está ligado al humor se recorda por más tiempo; es por ello que la risa puede ser una gran compañera a la hora de educar a los más pequeños, convirtiéndose en una gran aliada del aprendizaje, pues al mismo tiempo que disfrutan y se divierten les brinda múltiples y variados beneficios como potenciar su imaginación, facilita la socialización, reduce el estrés, aumenta la motivación, favorece el desarrollo de la inteligencia emocional y la gestión de sentimientos, aportar seguridad, confianza, entre otros.

 

Disponemos de muchísimas herramientas como contar anécdotas personales, historias, metáforas, juegos, ocurrencias, observaciones, usar la ironía y la exageración, contar chistes, que sin duda harán que los más pequeños nos muestren toda su atención.

 

En conclusión, utilizar el sentido del humor se convierte en una metodología infalible para crear el ambiente perfecto donde crecer y garantizar el aprendizaje, criar niños felices al mismo tiempo que se desarrollan muchísimas habilidades durante todo el proceso madurativo del niño/a.

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